1 de abril de 2017

Cicerón denunciando a Catilina

Cesare Maccari: Cicerón denunciando a Catilina (1880-1888)
Fresco. Palazzo Madama, Roma

"Quo usque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?
¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?"

En el año 63 a.C., poco después de la lucha entre Mario y Sila y antes de los dos triunviratos que desembocarían en el Imperio, nos encontramos ante uno de los episodios más relevantes de la República romana. Lucio Sergio Catilina, endeudado tras perder uno de los puestos de consul por segundo año consecutivo, comenzó a planear, junto a otros ciudadanos de buena familia en su misma posición y las gentes descontentas de la ciudad, una conjura contra sus acreedores y las más altas figuras políticas, llegando a decir en su correspondencia que en su revolución harían arder la propia Roma.

Marco Tulio Cicerón fue el que obtuvo el cargo de primer consul. A sus oídos llegaron susurros del complot que se preparaba, y gracias a ellos pudo evitar un intento de asesinato el 7 de noviembre de ese año. Al día siguiente convocó al Senado y, comenzando con la frase que abre la entrada, acusó a Catilina y a sus hombres dando datos, fechas y lugares de las reuniones. Catilina poseía una ascendencia ilustre que se remontaba a la fundación de Roma, y su defensa se basó en recordar esto, sin embargo se sabía solo y esa noche huyó de la ciudad y se reunió con su ejército.

El 5 de diciembre, en otra sesión del Senado, Cicerón ordenó ejecutar sin juicio a los conjuradores que habían sido capturados en la ciudad. En pocas semanas las legiones romanas acabaron con Catilina y su ejército, mientras que Cicerón era aclamado por la multitud; sin embargo esta efímera gloria precipitaría su caída. Debido a ordenar las ejecuciones sin juicio de los seguidores de Catilina fue exiliado un tiempo de Roma, de esta forma su carrera entró en un lento declive del que jamás llegaría a recuperarse.

En el año 44 a.C. Julio César era asesinado, este hecho provocaría la ejecución del orador al año siguiente. El vacío de poder dejado por César hizo estallar una guerra entre Octavio y Marco Antonio; en este contexto Cicerón escribió las Filípicas, unos discursos en contra de Antonio similares a los que pronunció contra Catilina, sin embargo su influencia era ya mucho menor. El 11 de noviembre del año 43 a.C. los contendientes firmaron la paz, y junto a Lépido forjaron el Segundo Triunvirato de la República de Roma.

Debido a esta alianza Octavio abandonó a su suerte a Cicerón, y Marco Antonio tuvo vía libre para ordenar su muerte y colgar su cabeza y sus manos en la tribuna del Foro, como era habitual en los tiempos de Mario y Sila.

14 de marzo de 2017

San Vital de Rávena y la Primera Edad de Oro de Bizancio

A la muerte del emperador Teodosio en el año 395, el Imperio Romano se dividiría en las manos de sus dos hijos, el de Oriente a cargo de Arcadio y el de Occidente a cargo de Honorio. Este último caería en el 476 por causa de las invasiones bárbaras; el de Oriente aún duraría casi un milenio, siendo derrotado en el año 1453 por el imperio Otomano.

Mapa de la división del Imperio Romano a la muerte de Teodosio en el año 395

Tras el ascenso al trono de Justiniano, en el año 527, se abre la llamada Primera Edad de Oro de Bizancio, un periodo de esplendor y estabilidad en el que se recupera la esencia imperial romana, aunque asociada al cristianismo. La figura del emperador asumirá el poder terrenal y espiritual, convirtiendo el arte en un teatro que refleja su autoridad y prestigio.

Persiguiendo este antiguo esplendor, Justiniano emprendió la reconquista de la parte occidental; en el año 540 las tropas del general Belisario tomaron Rávena, capital en los últimos años del caído Imperio de Occidente. Aquí se levantarían una iglesia de planta centralizada -San Vital- y dos basílicas -San Apolinar Nuovo y San Apolinar in Classe- que serían tanto por su edificación como por sus mosaicos los mayores distintivos de esta ciudad.

Planta y sección longitudinal de San Vital de Rávena

San Vital, comenzada a construir todavía en tiempos de dominio ostrogodo, fue consagrada en el año 547 por Maximiano, arzobispo de Rávena. La construcción de este templo cristiano tomó como influencia la iglesia de los Santos Sergio y Baco de Constantinopla, también con un modelo centralizado que tiene su origen en los tholos helenísticos y en los martyria paleocristianos, cambiando la conmemoración sepulcral de estos por la de contemplación y elevación de Dios, jugando con el espacio, los reflejos de luces y sombras y la riqueza musivaria.

Fotografía y dibujo a vista de pájaro de la iglesia

La iglesia tiene planta octogonal tanto al exterior como al interior, está precedida por un atrio y un nártex escoltado por dos torres -de las que prevalece una de ellas- cuyo centro no está alineado con el ábside de la iglesia; el cual a su vez está flanqueado por dos sacristías -la Prothesis y el Diaconicon- en las que se guardaban los menesteres y se preparaba la liturgia. El deambulatorio de dos cuerpos está separado del centro por ocho gruesos pilares que sustentan el tambor y la cúpula y establecen un octógono de exedras con dos columnas en su interior que forman triples arcadas de medio punto.

Vista del presbiterio y el ábside desde el centro de la iglesia

Situados bajo la cúpula y en dirección a la cabecera de la iglesia, un arco triunfal nos separa del presbiterio y del ábside, donde está situado el gran ciclo de mosaicos de esta iglesia:

Mosaico de la exedra del ábside: Cristo con dos ángeles, San Vital y el obispo Ecclesio

En la parte superior del ábside un Cristo imberbe sentado en un orbe y ataviado con la púrpura imperial está acompañado de los arcángeles san Gabriel y san Miguel, además de San Vital, con traje de corte y recibiendo la corona del martirio que este le ofrece, y el obispo Ecclesio, que promovió la construcción de la iglesia y por ello la presenta al espectador. Los personajes se sitúan sobre una decoración vegetal florida de la que brotan los cuatro ríos del Paraíso; el marco de la escena lo forma un fondo dorado adornado con unas nubes en su parte superior.

Pared izquierda del ábside: Justiniano y su séquito

En la pared izquierda del ábside aparece Justiniano como Pontífice Máximo, con corona y halo de santidad, remarcando así la autoridad terrenal y espiritual; está ataviado con los atributos reales y sostiene una patena de oro como ofrenda. Le acompañan Juliano Argentario -el banquero que financió la iglesia-, el arzobispo Maximiano sosteniendo una cruz y el general Belisario, además de un funcionario, dos cargos eclesiásticos que llevan un misal y un incensario y varios soldados que pretenden reflejar el gran poder del ejército imperial y que portan el Crismón en el escudo, legitimando así el uso de la fuerza en nombre de Dios.

De nuevo el fondo dorado imprime suntuosidad, además de no permitir la perspectiva, cumpliendo la escena el resto de convencionalismos bizantinos: las figuras presentan un gran hieratismo y frontalidad, las cabezas están a la misma altura -isocefalia- y los pies de todos los personajes se presentan en V invertida.

Pared derecha del ábside: Teodora y su cortejo

En la pared derecha del ábside la emperatriz Teodora se muestra engalanada con una túnica púrpura bordada en su parte inferior con las figuras de los Reyes Magos y sosteniendo en sus manos un cáliz de oro, representando como Justiniano la ofrenda a Cristo con la construcción de la iglesia; al igual que su marido lleva corona y nimbo y está en el centro del eje de simetría, aunque ligeramente más elevada que el resto de personajes, rompiendo así la isocefalia y mostrando su autoridad mediante la perspectiva jerárquica. Le acompañan dos cortesanos y un cortejo de damas, entre las que se encuentran Antonia y Juana, la esposa y la hija de Belisario.

Aquí el fondo se encuentra adornado de forma más teatral, además del dorado el marco refleja la riqueza áulica con una hornacina en forma de venera, dos cortinajes y una fuente -que puede simbolizar el bautismo y la vida-.

Tímpano izquierdo del presbiterio: Abraham, los tres ángeles e Isaac

En el tímpano izquierdo del presbiterio se representa la historia de Abraham recibiendo a los tres ángeles enviados por el Señor; a continuación podemos ver la escena cronológicamente posterior del sacrificio de Isaac, en la que Dios pone a prueba la fe del primer patriarca. En la enjuta izquierda podemos apreciar al profeta Jeremías y en la derecha a Moisés recibiendo las Tablas de la Ley mientras al pie del monte Sinaí le espera el pueblo de Israel.

Tímpano derecho del presbiterio: Abel y Melquisedec ofreciendo un holocausto

En el tímpano derecho del presbiterio se representa a Abel alzando un cordero al cielo dispuesto a sacrificarlo y Melquisedec ante un altar en el que se encuentra un cáliz y dos panes; la mano envuelta en luz del Señor aparece entre las nubes para recibir las ofrendas. En la enjuta izquierda Moisés se descalza ante la zarza ardiendo -es decir, ante Dios- y más abajo aparece cuidando los rebaños de su suegro Jetró; en la enjuta derecha se representa al profeta Isaías.

Sobre ambos tímpanos, como nexo de unión con las escenas de las enjutas, aparecen dos ángeles sosteniendo un emblema con una cruz.

Bóveda del presbiterio: Agnus Dei

En la bóveda del presbiterio cuatro ángeles sostienen una circunferencia adornada con flores y frutas, enmarcando el Cordero de Dios -o Agnus Dei-.

Más información:
http://editorial.dca.ulpgc.es/estructuras/construccion/1_historia/15_bizantina/c154.htm
http://www.uv.es/~mahiques/Vitalrav.htm